martes, 11 de mayo de 2010

OPERACIÓN CICERÓN. LA AVARICIA ROMPE EL SACO.




El cine de espionaje en su máximo esplendor.

Operación Cicerón (Joseph L. Mankiewicz, 1952) nos cuenta las andanzas de Diello (James Mason), secretario de altos vuelos del embajador inglés, en la Turquía neutral en la Segunda Guerra Mundial. Allí se darán cita los intereses por dominar la contienda de alemanes e ingleses en una historia verídica que estuvo a punto de cambiar los designios de la guerra.

Mankiewicz no se aleja de su estilo, muy teatral, casi siempre en interiores y con unos diálogos fantásticos llenos de giros y metáforas. El suspense y la incertidumbre rodean este clásico para contarnos que el menos sospechoso puede ser el más ambicioso.

Memorables la escena en la fiesta de la condesa Staviska que despide a una embajada para atender a la contraria o la secuencia de la persecución por el zoco.

El final es notable, desenlace de un guión y una realización que se comportan como maquinaria del mejor reloj suizo.

EL CINE YA NO EXISTE.

lunes, 10 de mayo de 2010

FORAJIDOS. UN COMIENZO DE PELÍCULA.




Esto es un comienzo y lo demás es cuento.

Este fragmento es una adaptación cinematográfica que corresponde íntegramente al relato corto Los asesinos de Ernest Hemingway. Se trata de la secuencia inicial de Forajidos (Robert Siodmak, 1946) que se cierra cuando aparece en pantalla el personaje interpretado por Burt Lancaster, el hombre al que van a matar, que da lugar al primer flash-back. Es un claro ejemplo de cómo llevar un texto íntegro a la pantalla y a partir de ahí construir un guión original -obra de Anthony Veiller-.

Una de las grandes piezas del cine negro. Rodada magistralmente, contiene movimientos de cámara increíbles y una iluminación expresionista. Esto es cine.

EL CINE YA NO EXISTE

viernes, 7 de mayo de 2010

LIMITE DE MARIO PEIXOTO. UNA PELÍCULA BRASILEÑA MÍTICA



Mucho cine del que se vio en los orígenes descansa en paz por el deterioro químico.

Limite es un filme difícil, lento y con una narrativa compleja, sofisticada y llena de referencias. Financiado con recursos propios del director y con infinidad de inventos desarrollados por la falta de material técnico y por el escaso presupuesto estaba inspirado en la imagen de portada de una revista vista en París por Antonio Peixoto. 

El domingo 10 de mayo de 1931, en el Cine Capitólio de Río de Janeiro fue exhibida por primera vez la película Limite, proyectada por el Club Chaplin en una sesión especial para sus socios e invitados. El director de la película, el poeta Mario Peixoto, no se presentó al estreno y no vio la reacción tímida del público, mala de la crítica, fría de los organizadores y helada de los distribuidores.* ¿Para quién había hecho el director esta especie de abstracción de sus sentimientos?.

La película fue tildada en Brasil de cine poético, como una experiencia visual de lo que podía denominarse cine literario. Este adjetivo le valió numerosas críticas de escritores que decían que aquello no era cine. En 1942, el músico y poeta brasileño Vinícius de Moraes proyectó la película a Orson Welles y a María Falconetti (Juana de Arco de Dreyer) con motivo de la visita del director para filmar el documental It´s all true.

Así, Limite fue atravesando tiempos turbulentos, deteriorándose día a día en las latas que la contenían, y su singular director caía en el olvido sin llegar a hacer jamás otra película. Debido a ese deterioro del nitrato de su copia original, el filme se dio por perdido hacia 1959.

En 1988, Limite fue elegido por la Cinemateca Brasileira el mejor filme brasileño de todos los tiempos. 

Una película muy difícil de ver, no solo por sus pocas proyecciones, sino por su difícil lenguaje.

EL CINE YA NO EXISTE.

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*Saulo Pereira de Mello uno de los restauradores del filme. Melllo 1996, pág. 25

jueves, 6 de mayo de 2010

EL TREN. EL EXPOLIO NAZI



Hemos visto tanto cine que a veces nos desilusiona. Me da la sensación al revisar El Tren (de John Frankenheimer, 1964), película interpretada por Burt Lancaster, Jeanne Moreau y Albert Rémy, que las películas ya no son lo que eran. La historia enlaza de tal forma con la aventura que las secuencias invaden nuestros sentidos, haciéndonos viajar a París y luego, por una vía de tren, a nuestro propio mundo. Es así como el cine nos embelesa, nos embauca y nos hipnotiza haciéndonos creer que somos  el protagonista, en una suerte de perceptor-intérprete.

El filme  recoge un episodio sobre el expolio artístico que Alemania sometió a Francia a finales de la Segunda Guerra Mundial,  basado en el libro Le front de l´Art de Rose Valland. Esta valiente mujer era la responsable del museo Jeu de Paume, lugar donde se almacenaban las obras de arte que los alemanes habían saqueado de museos y colecciones privadas de Francia (la mayoría de judíos) antes de su traslado a Alemania.

Diecisiete días tardó Alemania en vencer la resistencia del ejército francés y desfilar por los emblemáticos Campos Elíseos para mostrar al mundo su conquista. La resistencia provoca la salvación de unas obras de arte que considera parte del orgullo nacional. Uno de los últimos envíos de los alemanes por tren contiene cajas de embalaje con obras de “arte degenerado” de Picasso, Matisse, Cezanne, Monet, Degas, Gauguin, Klee... *

Qué trepidante. Qué no se rompan las cajas, por favor.



EL CINE YA NO EXISTE.


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*Desde que Adolf Hitler, pintor frustrado, se hizo con París casi sin resistencia el 14 de junio de 1940, tuvo el propósito de vaciar de arte la capital francesa, esquilmarla, desvalijarla metódica, meticulosamente, saquearla a conciencia tomándose todo el tiempo que hiciera falta. De este modo, el irrepetible tesoro artístico francés pasaría a ser la orgullosa colección de arte del Reich. Para ello, Hitler creó un intrincado aparato burocrático dirigido por Kurt Von Behr, que rendía cuentas directamente con Hermann Göring, con la finalidad de organizar una labor sistemática de expolio que se prolongaría durante años y que incluiría, ya desde 1940, una red clandestina de fuga para obras y traficantes de ellas que permitiera sacarlas de Francia al margen de la suerte de la guerra. En apenas tres años, de abril de 1941 a julio de 1944, casi ciento cuarenta trenes especiales partieron desde París hacia Alemania o hacia los países pantalla para el robo organizado (Suiza, España, Portugal, Suecia, el Vaticano…) más de cinco mil cajas y arcones repletos de objetos artísticos de todo tipo.

miércoles, 5 de mayo de 2010

EL ÚLTIMO TREN A GUN HILL




Hemos visto tanto cine que quizá nos llegue el hartazgo. Lo de hoy ya no es cine, es un complejo pastiche de audiovisual, sentimientos medulares y narrativas para lerdos. Siempre que deseo disfrutar, sobre todo en una tórrida tarde, recurro al cine del oeste. Me da la sensación que el único género puramente cinematográfico contiene, escondidas, las claves que te encuentras a diario en la vida: asaltos, duelos, envidias y malas personas.

Disfrutar de El último tren a Gun Hill (1958) es introducirse en el pueblo y observar atónito el devenir de la lucha de poder entre dos amigos que se querían y que se odiarán.

Dirigida, con contención, por el director americano John Sturges (Los siete magníficos, Conspiración de Silencio, La Gran Evasión) es una revisión del cine épico. Kirk Douglas y Anthony Quinn interpretan a los dos amigos cuyos caminos se vuelven a cruzar para matarse.

Las claves del género como la venganza, la justicia, la amistad, el amor fraterno, la sumisión, el racismo y la violencia nos recuerdan que aquel lugar puede ser el nuestro. Tras El tren de las 3:10 (de Delmer Daves, 1957) y Sólo ante el peligro (de Fred Zinnemann, 1952) el western cabalga en caballos de hierro y nos cita a una hora determinada: la del final.


El final es histórico (da gusto verlo en lengua nativa). Es una procesión hacia la muerte. Ya no se hacen películas así, ni copiando.

EL CINE YA NO EXISTE.

Versión Original 181. VENTANAS EN EL CINE



La revista de cine Versión Original se introduce por las ventanas, observa entre las cortinas, baja las persianas y cierra los postigos de la historia del cine. Una revisión múltiple de un objeto que no pasará desapercibido como protagonista o secundario. No olvidemos que las películas son filmadas desde otra ventana.

Desde el alfeizar nos damos cuenta que el cine se suicidó.

EL CINE YA NO EXISTE.

LA ADOLESCENCIA DEL CINE. DESDE LOS PADRES A LA MADRE



Por Javier Remedios

Si Eisenstein era el grito, Pudovkin es el canto.
No es difícil dejarse llevar por la melodía dura y pesimista, pero maravillosa.
Leon Moussinac.

En la percepción natural del hombre no existe el montaje; es un larguísimo plano secuencia que sólo se interrumpe con el sueño. No hay segmentación de tomas. La mirada está limitada por la imposibilidad del salto temporal. 1




Existen dos formas de ver la adolescencia: desde los ojos avizores de nuestros padres y desde la reflexión de lo que fuimos, una suerte de visión a posteriori. Es ahí, en esos maravillosos años, cuando se está forjando lo que a la larga seremos y donde nuestras vivencias quedarán selladas a fuego en nuestro intelecto. Nuestros padres, que se dedican toda la vida a controlar a su camada, intentan inculcarnos una serie de normas que trataremos de incumplir. Nunca será suficiente el dolor de una madre que ha visto como perdía a su hijo por no haber sabido frenar los impulsos de su nacimiento como persona. El paso de la infancia a la madurez, en la vida como en el cine, es un camino a veces agradable y muchas veces tortuoso.

Infancia
Del germen obtenido por la unión entre la ciencia y la gran tradición artística de emular a la naturaleza, nació un nuevo espectáculo de masas el 28 de diciembre de 1895 en el Salón Indien del Grand Café de París. El cinematógrafo, amamantado por visionarios de Francia y Estados Unidos, dará sus primeros pasos en las islas británicas, en donde, debido al interés por el relato, la cámara comienza a moverse y a jugar con los cambios de plano.

Dada su corta edad, el cine se mueve por un espacio marcado por el artificio, la ficción y la ansiedad de conseguir grandes avances. Se va generando el territorio de su infancia lleno de fantasías, hechos populares y superproducciones. La falta de vergüenza y las grandes caídas le hacen mirarse asimismo y avanzar. Utiliza dramáticamente el tiempo, aparecen las persecuciones y los salvamentos en el último minuto; se crean así el montaje paralelo y el lenguaje cinematográfico.

La etapa de aprendizaje es difícil y la convivencia con seres de la misma edad da lugar a la lucha por la paternidad de las patentes. En su período de latencia y paso a la conquista de la socialidad, aparecen el colosalismo y el verismo, la teoría del séptimo arte de Ricciotto Canudo y una fuerte conducta imitativa de la literatura y, más concretamente, del teatro.  La capacidad de ver la realidad tal como es y un comportamiento más firme sobre sus realidades emocionales conducen a Griffith al desborde narrativo y al dominio del tiempo cinematográfico. Su operador, Billy Bitzer utiliza por primera vez la luz dramática, el contraluz y el desenfoque como efecto. Poco más tarde, con Intolerancia (Intolerance, 1916), el cine abandona para siempre el período de la niñez.

Adolescencia
La primera guerra mundial se convierte en una zona de tránsito complicada. Tras el armisticio se produce una enorme y rápida actividad y el cine sufre un fuerte cambio. Se desarrolla el espíritu crítico y se evade, a veces, de la realidad. París se convierte en un generador de vanguardias históricas, de luces y de sombras. Los experimentos artísticos se suceden. Brotan la nueva literatura, los nuevos estudios psicológicos y los manifiestos artísticos. El cine absorbe todos los movimientos.

El desarrollo cognoscitivo de la escuela impresionista francesa acentúa el intelectualismo de una manera más formalista con Delluc, L’Herbier y Epstein. Una fuerte necesidad de seguridad e independencia conduce a los directores a experimentar con el espectador. Recurren a cámaras subjetivas y con movimientos imposibles como en Napoleón (Napoleon, 1927) de Abel Gance; que cuenta con el ingenio del español Segundo de Chomón, para utilizar cámaras muy ligeras con motor de cuerda colocadas en lugares imposibles, cámaras atadas a caballos a galope, a péndulos y, hasta, a proyectiles. El cine crece con desmesura.

En Alemania, la posguerra causa una desproporción entre el sentimiento y la expresión. Se reacciona contra el impresionismo y naturalismo, deformándose la realidad mediante la utilización de decorados, iluminación y vestuario como en El Gabinete del Dr. Caligari (Das Cabinet des Dr. Caligari, 1919) de Robert Wiene. También con una estética marcadamente expresionista aparecerán Las tres luces (Der Müde Tod, 1921) de Fritz Lang; Nosferatu, el vampiro (Nosferatu, eine Symphonie des Grauens, 1922) de Murnau e incluso La muñeca (Die Puppe, 1919) de Ernst Lubitsch, llenas de marcadas angulaciones y sombras que denotan un fuerte espíritu antinaturalista.

Las manifestaciones externas son poco controladas y se busca la independencia renunciándose al argumento. Aparece la primera película abstracta: Sinfonía diagonal (Symphonie Diagonale, 1921) de Viking Eggeling. Esta tendencia a la música visual daría obras de Hans Richter, Ferdinand Léger y de Man Ray y la obra cumbre Berlín, sinfonía de una ciudad (Berlin: Die Sinfonie der Großstadt, 1927) de Walter Ruttmann, inspirada en el cine-ojo de Dziga Vertov.

Es una etapa en la que se pasa con facilidad de la agresividad a la timidez, pero que dará obras maestras de Friedrich Wilhelm Murnau, como la metafórica El último (Der letzte mann, 1924) con la colaboración del excelente operador Karl Freund  y Fausto (Faust, 1926) con el fotógrafo Karl Hoffman, ejemplos de la portentosa capacidad formal y visual de su director que le dio a la cámara su definitiva dimensión: volar.

La adolescencia es ante todo experimentar, buscar la independencia; pero a la vez la protección. Se tiene necesidad de valorarse, de afirmarse, de sentirse reconocido. La valentía será el motor de muchos actos. Las energías vanguardistas de Lev Kulechov, profesor del Instituto de Cine Soviético, desembocan en la creación del Laboratorio Experimental, realizando filmes sin película, con fotos fijas, demostrando el poder creador del montaje, consiguiendo infundir emociones con el contenido y la yuxtaposición de planos. Sus teorías serían seguidas por numerosos jóvenes ávidos de llevar sus historias a la pantalla. En 1923, Sergei Eisenstein publica El montaje de atracciones y un año después rueda su primer largometraje La huelga (Stáchka, 1924), mezcla de cine documental y simbolismo. La búsqueda de la imagen ideal, poniendo a prueba la solidez de las convicciones personales, y sus palabras “de la imagen al sentimiento y del sentimiento a la idea” resuenan en una de las películas más famosas y mejores de la historia del cine, donde da rienda suelta a su desbocada creatividad, construyendo su película en la propia sala de montaje con unas potentes dosis de ingenio y desenfreno. Con El acorazado Potemkin (Bronenosets Potyomkin, 1925) llega la más absoluta de las rebeldías.

Juventud
Tras la euforia anterior, el cine necesita tranquilizarse, orientarse y llegar a integrar todos los aspectos de su personalidad. Del deseo de comprometerse nace una concepción más reflexiva y de análisis y un enfoque más estructurado. Así Vsevolod Pudovkin, discípulo de Kulechov, crea un guión estricto previo al montaje para darle al cine el crecimiento que necesitaba. Es con su obra La madre (Mat, 1926), basada en la novela homónima de Máximo Gorki, cuando el personaje anónimo se convierte en héroe, el cine controla sus emociones dándonos  a entender sus posibilidades y nos atrapa para siempre. La percepción y por ende el espectador cerrará el triángulo indispensable junto al autor y su obra. El montaje se confirma como la base estética del film actuando sobre la razón y el ánimo de los espectadores. 2

El paso de la adolescencia a la juventud es para muchos chavales de la época de Pavel, el hijo de La madre, la reivindicación de los derechos en el trabajo en el que llevan años esclavizados. Esa actitud revolucionaria le hará derramar adrenalina como huelguista contra los patronos zaristas, presenciar la muerte de su padre, caer en las redes de la justicia y ser condenado a trabajos forzados.

Una madre arrepentida por delatar a su hijo conducirá la revolución para salvarle de la pérdida de libertad y para darle una personalidad que no ha tenido, que llegará con la primavera. Esa nueva situación provocada por tres movimientos, la fuerza de la madre, las ganas de vivir del hijo y la majestuosidad de la naturaleza al descomponer el hielo trifurcan la narración para encontrarse en un punto: la madurez del cine.



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1 Gubern, Román. La mirada opulenta. Editorial Gustavo Gili. Barcelona. 1987.

2 Sánchez Noriega, José Luis. Historia del Cine. Alianza Editorial. Madrid. 2002. Sobre la obra de Vsevolod Ilarionovitch Pudovkin El montaje en el film (1928). Reflexión que se acerca a las teorías del arte vinculadas a la corriente de la Gestalt promulgadas por el psicólogo e historiador del arte alemán Rudolf Arnheim