viernes, 14 de mayo de 2010

EL MANANTIAL DE LA DONCELLA. EL PRESENTIMIENTO DE UN NIÑO





EL CINE FUE UN VEHÍCULO PARA EXPRESAR LAS DUDAS EXISTENCIALES.


En 1959, Ingmar Bergman rodeado de un equipo artístico y técnico de su confianza realiza otra de sus grandes películas, El manantial de la doncella (Jungfrukällan, 1959), redondeando así una de sus épocas más creativas y que más ha aportado al cine: El séptimo sello (Det sjunde inseglet, 1957), Fresas salvajes (Smultrontället, 1957) y El rostro (Ansiktet, 1958). Basada en un leyenda medieval y con un guión en forma de cuento, el realizador sueco juega con Dios mostrándonos sus eternas dudas sobre la existencia del Altísimo. La secuencia inicial, compuesta por dos planos, nos da claves sobre el agnosticismo del director: la evocación a los dioses antiguos escandinavos por parte de una sirvienta embarazada y su contraposición con el matrimonio postrado ante la presencia de un cristo tallado, con fuertes alusiones al Cantar de los Cantares.

Para ofrendar a la Virgen hay que cruzar el bosque y el acaudalado padre Torë (Max von Sydow) manda a su hija -el ángel- como penitencia atravesarlo. Caprichosa ella, decide ir acompañada por la amiga embarazada -el diablo- que aquejada de dolores se queda en la misma puerta del bosque. Mientras tanto, la doncella, que viste sus mejores galas, se adentra en la cada vez más escalofriante maraña de ramas. A mitad de camino, se topa con tres hermanos pastores hambrientos, uno de ellos un niño, que aprovechándose de su bondad la violan, la matan, la roban y casi la entierran, ante la mirada de su amiga escondida entre la maleza. El padre, al saber de la muerte de su hija, corta las ramas de un abedul y se flagela para acometer la venganza de los pastores homicidas, incluyendo al niño (durísimo plano). Después, la comitiva familiar parte hacia el bosque en busca de la ninfa muerta. Hallada pues, el afligido padre impropera al Dios supremo -¡Dios mío por qué me has abandonado!- y busca la redención ofreciéndole al Santísimo una iglesia de piedra y barro hecha con sus propias manos… Al levantar el cadáver de la chica en el bosque, súbitamente iluminado, brota bajo ella el manantial, el manantial de la doncella.



Bergman nos ilumina en claroscuro los interiores, enseñándonos las costumbres de la familia que vive para y por la iglesia; con sus ayunos y abstinencias, con encuadres que recuerdan la última cena. Bucólico hasta los extremos en los planos exteriores, incluyendo notas del más puro folklore sueco, nos lleva al milagro final: el manantial que surge de la doncella que yace en el bosque, que se convierte así en una puerta que comunica este mundo con el más allá.

Leyenda, tenebrosidad, cuento, fantasmas, violación, asesinatos, hospitalidad, venganza, milagro.. y ante todo bosque. Un bosque que atrapará para siempre la bonanza de la niña samaritana y en donde se levantará su iglesia.

Los presentimientos tomaron forma. EL CINE YA NO EXISTE.

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